Economía nacional

Enrique M. Martínez IPP –Motor Económico/Contenido

EL MUNDO DE LA ENERGÍA RENOVABLE

(Enrique M. Martínez IPP –Motor Económico/Contenido ) La utilización de la energía renovable aparece en nuestro documento publicado en Motor Económico el 14 demayo, (¿Ingreso básico o Trabajo Universal?) como uno de los tres casos elegidos para ejemplificar el nuevo papel que proponemos para un Estado presente y fuerte.

Este es un espacio de disputa de poder económico en el planeta entero, que comenzó a definir sus diversos escenarios ya hace medio siglo, cuando quedaron claras dos cuestiones: a) Más allá de la disponibilidad del recurso, la economía basada en el carbón y el petróleo como fuentes de energía dominantes, pone en riesgo grave al mundo, por la inestabilidad climática que genera, acompañada del calentamiento global de la atmósfera. b) La energía renovable, obtenida a partir del sol, los vientos, las mareas, la geotermia, las pequeñas obras hidráulicas, invita a desarrollos tecnológicos promisorios, que permiten generar energía utilizable allí donde se necesita, descentralizando sistemas que hace tiempo dependen de mega plantas de generación y densas líneas de transmisión y distribución.

Eso se entendió, reitero, hace muchas décadas en ámbitos académicos y se fue confirmando y diseminando hacia la vida cotidiana de cada espacio habitado.

Desde entonces, evolucionaron dos planos de innovación y controversia: 1- Las formas de aprovechar con eficiencia creciente los recursos renovables, en paralelo con formas de mitigar los efectos nocivos del uso de recursos no renovables. 2- La apropiación social de las innovaciones, en conflicto con la apropiación privada, que busca mantener los negocios originales o transformarlos en beneficio de los mismos actores.

La tecnología avanzó sin pausa, con pasos firmes. Hoy se puede contar con vehículos eléctricos de transporte personal y público; generación de energía eléctrica en cada techo, con celdas solares, así como a partir de cualquier otra fuente de energía renovable; generación de calor doméstico e industrial a partir del sol. Cualquier espacio es bueno y disponible, para suplir las necesidades de consumo energético de todo objeto concebido hasta el momento. Es común encontrar playas de estacionamiento, galpones para pollos, tambos, invernaderos, con instalaciones solares. Hasta rutas, donde fracciones de su cinta asfáltica pueden generar energía. También enormes extensiones con generadores eólicos, que ya avanzan hacia el mar.

El nudo que define las formas de desarrollo está en el segundo aspecto comentado más arriba. Los intereses económicos que crecieron y se consolidaron como monopolios o a lo sumo oligopolios naturales, para brindar energía a las comunidades, se resisten con todo medio a su alcance a que se habilite una sociedad donde esos monopolios no son necesarios, yaque en el límite cada usuario podría generar la energía que necesita y si le sobra, podría abastecer a quien decida no ser productor sino solo consumidor.

Pasar de un sistema concentrado a otro distribuido es una puja social y política, no un sendero simplemente técnico.

En este contexto, Argentina ha hecho las cosas bastante mal. En el mejor de los casos, con gatopardismo cínico.

Ante todo el encuadre hegemónico: Siempre se planteó la inclusión de los renovables en la matriz de oferta como una cuestión ecológica, de freno al cambio climático. Nunca se señaló que esta presencia implica además una posibilidad de democratización profunda de la forma de producir energía y por extensión de la organización económica.

A consecuencia de esa mirada, la legislación, las reglamentaciones y por lógica consecuencia las inversiones, han sido de corte capitalista tradicional, en buena medida a cargo de los actores ya presentes en la producción a partir de no renovables.

En un par de Provincias, con Santa Fe a la cabeza, se ha dictado reglamentaciones que posibilitan la generación doméstica y con algún esfuerzo burocrático, también abastecer los excedentes a la red.

El resto del país no avanza o peor, simula que avanza. En este último sentido es relevante lo decidido en el ámbito de CABA, donde la generación doméstica es aceptada, pero los excedentes entregados a la red se retribuyen a precio mayorista, mientras el consumo personal se calcula a precio minorista. La grosera inequidad hace que la inversión se podría recuperar en un plazo mayor a 12 años, lo cual desalienta a todo aquel que no esté enamorado de la tecnología. Este no fue el criterio seguido en los países centrales. En Alemania, por caso, se ha planteado por décadas un diferencial de precio a favor de la energía doméstica volcada a la red.

Mas allá de los tecnicismos, se insiste, el punto es si se cree que la generación de energía a partir de renovables puede ser un factor de transformación económica y social y debe ser estimulada con criterios racionales, enérgicos.

¿Cuáles serían los efectos más relevantes de elegir este camino?

Ya se mencionó la distribución del poder económico. A partir de él, se puede aumentar la generación de trabajo independiente o en entidades de la más variada dimensión, desde cooperativas a corporaciones. Si un Gobierno lúcido busca preservar el importante atributo que permite la generación descentralizada, debería eliminar todo obstáculo para que personas, grupos pequeños ad hoc o cooperativas se sumen a la generación en cualquier lugar del país. Además, como ya hemos señalado en el documento mencionado al inicio de este envío, debería iniciar un programa de equipamiento de instalaciones públicas, con el criterio de invertir y recuperar los montos aplicados, a través de la reducción del gasto actual, como debería hacer cualquier particular que lo imitara.

Se hace difícil estimar cuantitativamente inversiones y ocupación. A solo título de ejemplo, usando datos de un trabajo interno de un ámbito del sistema de ciencia y técnica, que está en elaboración (*), se podría cubrir 300 estaciones de tren en el AMBA con 50 m2 de paneles cada una y 2500 escuelas con 20 m2 de paneles en cada lugar, por un total menor a 100 Millones de dólares, cubriendo así en exceso lo normado para la participación de energía renovable en el ámbito en 2025. Ese mismo grupo ha preparado anteproyectos para que la Casa Rosada, la Ciudad Universitaria de UBA, los edificios de Diputados y Senadores de la Nación, la Comisión Nacional de Energía Atómica y el Palacio de Justicia, puedan instalar una potencia superior a 1500 kw en conjunto, con meras adecuaciones presupuestarias de cada ámbito y marcando, se reitera, un camino claro. Esa energía es la consumida por unos 400 domicilios.

La diseminación de esta lógica por el país, en todo edificio público, es en sí mismo un gran potencial de trabajo, con inversiones recuperables por el Estado.

Solo imaginen a continuación que las cooperativas eléctricas, que en su amplia mayoría son distribuidoras de energía, pero no generadoras, incentivan a sus socios para que coloquen paneles solares o pequeños equipos eólicos en sus techos, según convenga y establecen nuevas relaciones de consumidor/productor con la cooperativa para beneficio compartido.

Sigo: Imaginen que la cooperativa, con la nueva mirada, se aplica a completar las instalaciones de comunicación por banda ancha, que quedaron a las puertas de centenares de ciudades en 2015, estableciendo así una lógica superior de vinculación informática con el mundo.

La secuencia virtuosa continúa, con la posibilidad de aplicaciones locales para que las comunicaciones mejoren la vida de cada comunidad, con la consiguiente creación de redes de cooperación e intercambio entre productores y consumidores locales, facilitadas por la tecnología que hoy se les niega.

El punto de partida de este camino que parece fantasioso, aunque seguro es menos ilusorio que hacerse rico depositando magros ahorros en un intermediario que los lleva a un paraíso fiscal, es una idea, solo una: EVITAR QUE LOS SERVICIOS COMUNITARIOS SE CONSIDEREN UN NEGOCIO. El correlato de generación de trabajo para todos con esta mirada es inmediato.

Si el negocio pasa a ser servicio, la concentración de la oferta; la escasez deliberada; la ausencia de mantenimiento; la llegada a solo parte de la población; pasan a ser deficiencias del sistema. Nunca podrán ser considerados elementos que se justifiquen porque generan mayor ganancia a un empresario.

No pretendo cerrar este documento con una afirmación ampulosa, pero me permito señalar que si esta forma de generar energía es encarada como servicio, con participación popular amplia, puede resolver por sí sola gran parte de la necesidad de trabajo en la Argentina. Por supuesto, con la debida articulación con los ámbitos de ciencia y tecnología, con las comunidades de usuarios, con las escuelas técnicas y los restantes espacios imaginables.

Además, se reitera, cerrando el paso a la voracidad de los grupos que imaginan poder dejarnos sin sangre y que aún así sigamos viviendo. Lamento señalar que son ellos o nosotros.

Enrique M. Martínez IPP – 26.5.20

(*) Grupo del Departamento Energía Sola de CNEA. I.H. Eyras/ P. Giudici/ M.D.Perez /J.Plá/ M. Videla (2020**)

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