La cruda realidad

Por Sara Delgado

Las mujeres en la resistencia de YCRT

Ellas, las más perjudicadas con las políticas de ajuste, tejieron redes de contención para los casi 500 despedidos de la empresa carbonífera. Son las Mujeres Autoconvocadas. Esposas de mineros, trabajadoras y vecinas hacen que no falte un plato de comida o una palabra de aliento. Ahí mismo, en el frente de uno de los túneles, que hoy es trinchera de una lucha digna y soberana.

(Por Sara Delgado) En Río Turbio, las palabras y el llanto desolador de decenas de trabajadores no logró conmover a la intervención de Cambiemos. Las negociaciones se hicieron insostenibles y el pueblo movilizado no dejó de generar hechos políticos, aunque fracasen con total éxito en ser escuchados. Santa Cruz, una provincia en la que hasta hace poco las protestas se transmitían en vivo por TN o América TV, de pronto pasó a ser invisibilizada ante los despidos de 480 obreros, algunos de ellos a punto de jubilarse.

En la Cuenca, que se cae sin esa usina de carbón, hasta las paredes gritan, como la del rancho que está al costado de la ruta, frente a la entrada de mina 5 y que dice que “sin las mujeres, la lucha va por la mitad”.

En las fauces de la mina que a ellos les devoraron décadas de esfuerzo, ellas proveen alimento a los que no claudican. Guisos, panes, albóndigas con arroz, estofados con “de todo” para pasar el frío y postres de frutas y arroz con leche, son parte del menú que las cocineras pueden preparar gracias a las donaciones que reciben en la sede que les prestó el sindicato de empleados municipales.

Las Mujeres Autoconvocadas activan el acampe con convocatorias populares en las que incluyen a los pibes, los suyos y los de la comunidad, para pintar remeras en apoyo, compartir una chocolatada, agitar.

“La mina de carbón es la fuente primordial de la economía de nuestros pueblos que hacen orgullosamente soberanía en esta parte del país. Esta es una situación límite para todas las familias carboneras que hoy nos encontramos tristes, pero unidas, apoyando incondicionalmente a los nuestros” dijeron a través de una carta, la vía de comunicación que eligieron para que esta nota mostrase democráticamente la voz de todas.

“Es gratificante ver cómo las mujeres nos organizamos para compartir en todo momento lo que se vivencia en boca de mina. No olvidemos que muchas de nosotras trabajamos, somos madres, amas de casa y tenemos un sinfín de tareas y obligaciones que recaen sobre nuestras espaldas, pero no son motivos para no acompañar, ya que la solidaridad es nuestra arma”, aseguran.

El párrafo conmueve, sobre todo porque para una mujer, trabaje o no también fuera de su casa, hacerse tiempo, además del que ya le dedica a las políticas de cuidado de hijos o adultos mayores, es hoy todavía una hazaña.

Pero ellas están determinadas a bancar ahí hasta que el interventor de YCRT, Omar Zeidán, y el brazo político del macrismo en Santa Cruz, Eduardo Costa, den marcha atrás con los despidos.

“Exigimos el bienestar, el progreso de nuestra Cuenca, queremos que la vida de nuestras comunidades permanezca como siempre, en paz y en armonía. Queremos a todos los trabajadores en sus puestos de trabajo”, aseguran.

Con la mirada atenta, Ana Meza Cruz, estudia cómo desde el momento que se montó YCRT se generó una igualdad sexual de trabajo. Para ella, decir que ‘sin las mujeres la lucha va por la mitad’ “muestra también la necesidad que tenemos de una dependencia mutua de cuidados con otros. Mirarlas es mirar y desnaturalizar la idea de una continua disponibilidad en los puestos de trabajo y hoy, en los ranchos de la resistencia, presentada por lo general bajo una falsa autonomía sin cuestionar los límites físicos del cuerpo”.

La antropóloga y feminista dice que el conflicto minero “no son sólo los trabajadores con los telegramas sobre sus cabezas, sino que también son ellas, con sus turnos asignados indirectamente, quienes sostienen material y emocionalmente a los mineros”.

Las otras mujeres que cuidan son enfermeras dispuestas por el gobierno de Alicia Kirchner, para que fuesen rotando en turnos y estuviesen a disposición para atender a algún despedido que pudiera descompensarse.

Lo cierto es que hoy en esa cuenca que pretende ser ignorada por el poder central, hay una abrumadora presencia femenina dando la pelea, que no se termina con hervores de olla popular que rascan los fondos para que nadie se quede sin comer. Su lucha es también por ellas, que son las más afectadas con la eliminación de las moratorias, los recortes a la AUH, la precarización, y porque saben que si la mina se cae, se cae el pueblo y ellas quieren salvarlo.

(*) Fuente: Tiempo Sur

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